Por qué los despachos de abogados no triunfan en Bolsa

22/03/2016
Problemas con los estados financieros y las adquisiciones de activos sobrevalorados son los principales obstáculos de un sector muy expuesto a la volatilidad del mercado bursátil, donde no termina de encajar.

 

El bufete australiano Slater &Gordon era el espejo en el que se miraban muchos despachos cuando se planteaban salir a Bolsa para captar recursos. Hasta que el valor se hundió, llegando incluso a suspender temporalmente su cotización. La firma, que había llegado a intermediar sus títulos a casi 8 dólares australianos (5,3 euros) por acción, fue perdiendo fuerza, protagonizando una caída vertiginosa hace unos días, hasta situarse por debajo de los 8 centavos (5 céntimos de euro).

 

El despacho está especializado en reclamaciones en casos de accidentes y demandas colectivas. Como cobra a éxito y el porcentaje de resoluciones es elevado, sus ingresos están garantizados, por lo que su evolución en Bolsa en los últimos años había sido muy positiva, llegando incluso a multiplicar por diez el valor de su debut bursátil.

 

Los inversores incluso premiaron su política de compras de otras firmas en jurisdicciones diferentes como una estrategia de crecimiento y diversificación del riesgo geográfico. Sin embargo, fue ahí cuando empezaron sus problemas.

 

El año pasado, el bufete compró la firma británica Quindell, que se encontraba en una situación delicada tras un escándalo contable. Aunque desde Slater &Gordon han explicado que su desplome bursátil se debe a un cambio regulatorio en los baremos de accidentes en Reino Unido, los expertos consideran que los aspectos financieros de esta adquisicóin son el verdadero motivo de su caída en Bolsa.

 

El despacho pagó 637 millones de libras (811 millones de euros) y, desde entonces, ha tenido que hacer frente a la pérdida de valor contable de su filial por los problemas generados por su anterior dueño. En otros sectores, "el accionista tiene más medios para saber si la empresa está bien valorada; pero en un bufete es difícil saber si la firma está sobrevalorada", apunta Miguel Ángel Pérez de la Manga, socio de la consultora legal Pérez+Partners.

 

Obstáculos

 

A la hora de establecer el precio de una compañía, lo habitual es hacerlo utilizando el sistema de flujos de caja. Sin embargo, en los bufetes, la única herramienta es en función de un porcentaje sobre la facturación y el beneficio, un sistema mucho menos preciso.

 

Otro elemento que juega en contra de las firmas legales es "su dependencia de las personas que prestan el servicio", recuerda Pérez de la Manga. No hay que olvidar, por ejemplo, el caso del bufete estadounidense Dewey & LeBoeuf, que con más de 200 socios y mil abogados, desapareció de un día para otro por la fuga de profesionales. Trasladado este ejemplo a la Bolsa, convierte a los despachos en valores poco seguros para los inversores, ya que nada impide que el abogado estrella, que es el que aporta más facturación, se vaya a otra firma rival, llevándose con él su cartera de clientes.

 

Cuando se está en el parqué, los criterios de transparencia son esenciales, algo a lo que el sector legal no está habituado. De hecho, se han producido varios escándalos contables en las firmas de este mercado que cotizaban, como ILH Group o el propio Quindell (propiedad ahora de Slater &Gordon).

 

Y por último, estaría el riesgo de operaciones. En algunos países anglosajones, está prohibido que los despachos coticen en Bolsa. Australia y Reino Unido son pioneros en este sentido, pero surge el debate sobre la idoneidad de que permitir que los bufetes estén en manos de inversores que no sean abogados.

 

En una estructura tradicional, donde los socios son los que se juegan su propio capital, las decisiones suelen ser más conservadoras. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando hay que reportar a unos accionistas y crear valor para ellos? Pérez de la Manga considera que es ahí cuando "se dispara el riesgo". Entonces, la estrategia de expansión suele ser mucho más agresiva y, en ocasiones, como le ha ocurrido a Slater &Gordon, se realizan compras, como la de Quindell, sin valorar bien las consecuencias económicas, financieras e, incluso, de reputación.

 

A pesar de lo que ha ocurrido a Slater &Gordon, que podría variar su estrategia y recuperarse del castigo bursátil, hay otras firmas legales que también están en Bolsa, aunque su evolución también presenta luces y sombras. Por ejemplo, Shine Lawyers empezó a cotizar en 2013 y, pese a que sus títulos se han revalorizado, su política de dividendos es muy ajustada, restándole atractivo entre los inversores.

 

De momento, el referente ahora para saber si un bufete puede por fin triunfar en el parqué es Gateley, aunque todavía es pronto para hacer balance, ya que fue el año pasado cuando colocó un 30% de su capital en una oferta pública de venta (OPV) con la que captó 30 millones de libras (38 millones de euros).

 

Gateley, un valor estable que cotiza en Londres

 

"Primera firma legal en cotizar en la Bolsa de Londres". El bufete Gateley presume en su web de ser la firma británica pionera en dar el salto al parqué. La OPV se produjo a mediados del año pasado. Los resultados financieros acompañan al despacho, ya que en 2005 la facturación se incrementó un 10,9%, hasta los 29,6 millones de libras (38 millones de euros). El beneficio bruto de explotación (ebitda) se situó en 4,5 millones de libras, es decir, se disparó un 40,6% respecto al mismo ejercicio del año anterior, confirmando una mejora considerable de los márgenes de la firma.

 

Sin embargo, la buena marcha del negocio no ha tenido el mismo reflejo en su valor bursátil. Se trata de una acción muy estable, que no ha reducido su cotización en los últimos meses, pero tampoco se ha revalorizado. En su primer día en el parqué, en junio de 2015, logró subir un 4% en Bolsa, hasta los 99 peniques. Diez meses después, los títulos se sitúan en 100 peniques, es decir, han ganado un 1%. A su favor juega que no ha sufrido grandes altibajos, con un máximo histórico de 104,5 peniques y un mínimo de 95 peniques.

 

 

 

Font i foto: Expansion.com