Insultos, amenazas e indirectas por WhatsApp llenan los juzgados españoles

28/12/2017
 

WhatsApp se ha incorporado al tejido social español como un elemento clave. Es el cemento de las relaciones personales y laborales de millones de personas y su uso sigue en aumento. A día de hoy, el 90,5% los usuarios de Internet en España usan la aplicación de mensajería según cifras del Ministerio de Economía. En figuras totales, serían unos 30 millones de asiduos a la aplicación del icono verde.

No es de extrañar que con con tantas conversaciones digitales ocurridas a diario, nuestras acciones en WhatsApp sean el foco de múltiples denuncias en las comisarías y presentadas como prueba durante juicios en toda España. Calumnias, espionajes, controles parentales, y conversaciones en grupos de WhatsApp son el pan de cada día en los pasillos de los tribunales.

Despedidas tras compartir fotos de un niño de guardería

En junio de 2012 el Tribunal Superior de Justícia de Catalunya desestimaba el recurso de una directora de guardería por despido disciplinario, dando por válido la decisión de la empresa que la cesó de empleo por participar en una conversación donde las trabajadoras comentaban y hacían chistes sobre los genitales de uno de los menores miembros del centro.

— Tiene puntos para ser el nuevo ‘tiritititutititi’ Jaja.
— Empalmado!!!!!!! Jaja.
— ¿Quién es? Es una prueba para demostrar que eres ‘nona’ maestra! — nena que la tienen iguales! Jaja!
— Jaja! ¡Qué buena es la foto!
— Nenas esto es pornografía infantil! No puede ser. Hahhahha
— Pero a que está bien preparado el niño.
— Jajaja. Futuro Nacho Vidal
— Joder que ahora miraré al padre con otros ojos

La profesora que tomó la fotografía y la compartió en el grupo también fue despedida por el centro educativo, que procedió a amonestar al resto de las trabajadoras presentes por los mensajes vertidos en el grupo de WhatsApp.

Multa de 6.000 euros por acosar a una compañera de clase

Entre febrero y mayo de 2015, dos menores de edad en Madrid insultaron en mensajes escritos y por audio a una compañera de instituto, tanto por mensajes privados como en un grupo con otros compañeros. La sentencia citaba expresiones de “zorra, guarra, puta, me cago en tus muertos” y mensajes en audio con amenazas de “cogerla por el cabello y arrastrarla en la puerta del instituto”.

La joven se suicidó el 22 de mayo de 2015. Los padres denunciaron las amenazas de los compañeros y el Juzgado de Menores de Madrid falló a favor de los demandantes imponiendo una multa de 2.000 euros para los acusados. Tras el recurso de ambas partes, la Audiencia Provincial de Madrid volvió a fallar de parte de los padres de la joven elevando la multa a 6.000 euros. Por su parte, el director del centro fue suspendido de empleo por incumplir el protocolo de actuación.

Repasar los chats con los hijos menores

Tristemente es uno de los múltiples casos de suicidios de menores en España tras recibir amenazas e insultos por WhatsApp, lo que ha llevado a otros padres a tener muy presentes los daños que puede ocasionar esta aplicación en la salud mental de sus hijos.

La Audiencia de Pontevedra recientemente desestimó la denuncia de una madre a su ex-marido después de que este revisara las conversaciones de WhatsApp de sus hijos. El denunciado comparte la patria potestad de los menores, lo que el tribunal cita como clave.

El desarrollo de las redes sociales, como también lo es el Whatsapp, requiere atención y vigilancia de los progenitores para preservar la indemnidad de los menores

El padre tiene la obligación, según la magistrada de “velar por ellos, educarles y procurarles una formación integral” y que la presencia de los menores en plataformas de mensajería y redes sociales requiere la atenta vigilancia de los padres. A su vez, desestimaba un posible delito de revelación de secretos porque la hija cedió voluntariamente el móvil a su padre para repasar las conversaciones, mientras que su hermano se negó a dar su contraseña al progenitor.

Multada por lanzar indirectas

El Juzgado de Primera Instancia de Tui, en Pontevedra, estimó en 2016 que las actualizaciones de estado de WhatsApp de una mujer denunciada por su ex-pareja eran constitutivas de un delito leve de injurias. El tribunal daba por probado que la acusada utilizó “su estado de WhatsApp para escribir mensajes referidos a su ex pareja a sabiendas de que podrían leerlos sus contactos y con el fin de atentar contra su dignidad y su propia estimación.”

Los estados públicos, frases cortas que aparecen bajo el nombre de cada usuario de WhatsApp, pueden ser leídos por todos los contactos agregados en la plataforma y son normalmente utilizados para indicar estados de ánimo o situaciones. En este caso, la denunciada fue multada con 375 euros a razón de 5 euros diarios durante 75 días, por actualizaciones de estado citadas por la sentencia como:

— Lo que ahora te metes en tu boca antes estuvo en... (emojis de risa)
— (emojis de manos con dos dedos levantados) puta es aquella que trabaja para su chulo q putero, que normalmente es un vividor y borrachín y encima también putero, pobres (emojis de cerdos) que educación
— Ahora toca semana de cuernos en Bilbao (emojis)
— Hay quien tendría que empezar ha salir del armario, solo hay que ver lo que lleva puesto

Una apelación posterior en la Audiencia Provincial de Pontevedra volvió a fallar a favor del ex-novio, dejando intacta la cifra de la multa impuesta.

Desde nuestras declaraciones en privado o en grupo a nuestras actualizaciones de estado, todo cuenta para la justicia

 

 

Font i Foto: La Vanguardia